Jim
Hoy sábado me levanté con ganas. El día estaba gris y lluvioso y lo sentía mi aliado. Siempre me han gustado los días grises. Son como una guarida para los románticos. Sonó el teléfono y era un pedido muy especial que requería un amigo. Quería retirara unas cosas de un Asilo de Ancianos, que había dejado una señora recién fallecida y él no podía hacerlo ya que trabajaba. Como tenía tiempo y me sobra la voluntad, accedí. Llegué al Asilo y me encontré con un tremendo edificio moderno, en pleno centro de mi ciudad, con amplios estacionamientos cubiertos, una entrada que más parecía la de un hotel y un Front Desk digno de un palacio. Subí en el elevador al piso que me correspondía (llevaba una de esas llaves-tarjetas que abren mil puertas) y me dirigí a una de las puertas de entrada. La abrí con la tarjeta y lo primero que noté fue un fuerte olor a medicamentos mezclados con orines secos y vejez. Porque la vejez también tiene olor. Y allí comenzó mi aventura. La mayoría...